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La legitimidad se compra. El nerviosismo de la “Primavera”

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La legitimidad se compra. El nerviosismo de la “Primavera”

Si la administración de Salomón Jara Cruz fuera tan exitosa como dicen sus boletines, no necesitarían perseguir a los oaxaqueños para que salgan a votar.

No es el temor a perder el cargo lo que hoy le quita el sueño a Salomón Jara Cruz. En Oaxaca, todos saben que la revocación de mandato es un ejercicio controlado donde la oposición brilla por su ausencia y el aparato estatal lo domina todo.

El verdadero pánico que recorre los pasillos de Palacio de Gobierno no es la salida del mandatario, sino la irrelevancia estadística. 

El gobernador no teme irse; teme que el espejo de las urnas le devuelva una imagen de soledad política que su equipo de comunicación no pueda maquillar.

Desde hace meses, se desplegó un operativo sin precedentes en las dependencias públicas. La instrucción fue clara: titulares y mandos medios debían abandonar sus funciones administrativas para convertirse en “influencers” de la aprobación gubernamental, gestionando credenciales de elector y saturando las redes sociales con una narrativa de éxito que simplemente no permea. 

Sin embargo, los reportes que llegan al escritorio del Ejecutivo estatal indican que las cosas no han salido bien. La “Primavera” no ha florecido en el ánimo ciudadano, y eso ha encendido las alarmas.

Sabedor de que su gestión carece de la legitimidad orgánica que otorga el cumplimiento de promesas, Jara ha intensificado las reuniones con presidentes municipales. 

En estos encuentros, el apoyo ya no se sugiere, se exige de manera explícita. El gobernador busca desesperadamente rebasar el medio millón de votos, una cifra que considera necesaria para “validar” su permanencia. 

Pero no se engañen: no serán votos de convicción, sino votos promovidos, movilizados y, en muchos casos, condicionados por la maquinaria de Morena.

El despliegue es total y el nivel de control raya en lo obsesivo. La chamba de cabildeo no la hace solo el mandatario; se ha convertido en la única prioridad de todo su personal. 

En todo el estado se vive una invasión de lonas con la leyenda “que siga la Primavera”, pero con una particularidad técnica: en los reportes internos, cada lona debe ser georreferenciada. 

No se fían de nadie; el GPS es ahora la herramienta para vigilar que la propaganda no se tire y que el dinero invertido esté “visible” a la fuerza.

Ahí está el caso de la senadora Laura Estrada Mauro, cuya labor legislativa parece haberse reducido a tapizar secciones de Santa Cruz Xoxocotlán. Pero el nepotismo y la influencia familiar también juegan su parte en esta carrera contra el abstencionismo. 

La nuera del gobernador y actual presidenta de la JUCOPO del Congreso local, Tania Caballero ha sido vista en restaurantes de Asunción Nochixtlán, no legislando ni atendiendo las demandas de la Mixteca, sino dictando líneas directas para asegurar que el caudal de votos no se detenga. Es el uso del poder legislativo al servicio de un ego ejecutivo.

Al final del día, el despliegue de recursos, la fiscalización de lonas vía satélite y las presiones en restaurantes revelan una verdad incómoda: si la administración de Salomón Jara Cruz fuera tan exitosa como dicen sus boletines, no necesitarían perseguir a los oaxaqueños para que salgan a votar. 

La legitimidad que no se gana con resultados, se intenta comprar con estructuras, pero el riesgo de quedar expuesto ante urnas vacías sigue siendo la mayor pesadilla de la “Primavera Oaxaqueña”.

Autor: S. Kyklos

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