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Revocación de mandato: el poder se reelige, el pueblo se aparta

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Revocación de mandato: el poder se reelige, el pueblo se aparta

Con más de 125 mil votos menos que los 674 mil votos que lo llevaron en el 2022 a la gubernatura de Oaxaca, Salomón Jara continuará en su cargo después de haberse realizado la votación de la revocación de mandato, la cual presumió como ejemplo nacional, pero sobre la que desde su organización y posterior realización este domingo 25 de febrero, han venido acumulándose fuertes cuestionamientos que en casi nada se parecen a “la fiesta cívica” que el propio Jara ha pretendido decretar como una especie de verdad absoluta y prueba irrefutable de su nivel de aprobación como gobernante.

Por Rodrigo Islas Brito 

Con más de 125 mil votos menos que los 674 mil votos que lo llevaron en el 2022 a la gubernatura de Oaxaca, Salomón Jara continuará en su cargo después de haberse realizado la votación de la revocación de mandato, la cual presumió como ejemplo nacional, pero sobre la que desde su organización y posterior realización este domingo 25 de febrero, han venido acumulándose fuertes cuestionamientos que en casi nada se parecen a “la fiesta cívica” que el propio Jara ha pretendido decretar como una especie de verdad absoluta y prueba irrefutable de su nivel de aprobación como gobernante. 

Con un resultado final reportado por el Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana de Oaxaca (IEEPCO) de 550 mil 274 votos, el 58.8 por ciento a favor de la continuidad del régimen, y 357 mil 025 votos, el 38.1 por ciento en contra, la revocación de mandato empezó a ser objetada por la ciudadanía minutos después de que las votaciones cerraran sus puertas, cuando decenas de capturas de pantalla empezaron a circular en las redes sociales mostrando las mantas de los conteos finales de diversas casillas, ubicadas principalmente en la capital del estado, que mostraban que el gobernador estaba perdiendo su ratificación incluso hasta por cinco votos a uno. Percepción de júbilo ciudadano a la que el gobierno estatal rápidamente empezó a combatir. 

Emmanuel Navarro Jara, líder de Morena en Oaxaca, fue el primero en salir a anunciar que, según los datos de su partido, el 63 por ciento de los votos marcaban que el mandatario continuará en su cargo. Una hora después, su tío, el gobernador del estado, en un mitin frente a palacio de gobierno, le bajó cinco puntos porcentuales a su victoria, anunciándose ganador con un 58 por ciento de una votación, sobre la que ya dejó de resultar necesaria la democrática costumbre de que fuera un representante del organismo electoral, en este caso el IEEPCO, quien asuma la responsabilidad de anunciar sus resultados, sin que el evaluado gobernador de Oaxaca termine por convertirse en su vocero. 

Del órgano garante solo se tuvo noticia al principio de la jornada electoral, cuando su consejera presidenta, Elizabeth Sánchez González, estimó frente a medios de comunicación que la votación solo contaría con el veinte por ciento de participación del padrón electoral (que finalmente escaló hasta el treinta por ciento) y que nada había podido hacer el instituto público a su cargo, por suprimir o sancionar la ilegal publicidad de más de cien millones de pesos pagada con dinero del erario, con la que el gobierno jarista tapizó de pendones el estado con la petición de que la primavera oaxaqueña tenía que continuar. 

Después de que se hiciera público que había perdido por una enorme diferencia en la casilla de San Martín Mexicapan a la que acudió a votar, Salomón Jara salió a maquillar la verdad. Afuera del palacio de gobierno, bajo el aplauso y los vítores sonrientes y nerviosos de todo su gabinete, el gobernador se lanzó a calificar su gran momento como histórico. 

Auunque históricos también son el más del centenar de incidentes que se reportaron durante la votación e incluso antes, con la circulación de videos donde adultos mayores protestaban por el condicionamiento que autoridades y presidentes municipales hicieron de programas sociales de orden federal por definir la intención de su voto. 

Históricos también resultan los reportes periodísticos que dan cuenta del robo de material electoral en casillas de Magdalena Tequisistlán y en San Juan Guichicovi, del señalamiento de autoridades auxiliares sobre tres funcionarios de casilla que “embarazaron” urnas con votos de gente que no acudió a votar en Puente Coyula, en Santa María Huatulco, de la quema de papeletas electorales en las agencias de Estación Sarabia de Guichicovi y de San Miguel Ecatepec, de Tequisistlán, de las denuncias sobre urnas que arrancaron la jornada con votos sembrados, en Santa María Zaniza y en Santiago Amoltepec, de los señalamientos en San Pedro Pochutla informando que funcionaros del gobierno estatal advirtieron a funcionarios de casilla que tomarían el control de las papeletas y la lista nominal, del grupo de supuestos trabajadores de la agencia de San Martín Mexicapan, que metieron boletas en una urna informando que harían lo mismo en el resto de las casillas que encontraran a su paso, de los señalamientos ciudadanos en redes sociales que acusan un cambio de datos beneficioso para la causa gubernamental entre los números que se contaron públicamente en su casilla y los números que finalmente el IEEPCO reportó y terminó por contabilizar.

En contraste; “jornada cívica ejemplar celebrada en un ambiente de paz, seguridad y absoluta normalidad”, “bastión político y referente nacional de la fuerza y vigencia de la Cuarta Transformación”, “Oaxaca, el estado más obradorista de todo el país”, fueron algunos de los términos con los que Salomón Jara celebró su permanencia en el puesto frente a sus simpatizantes. Atrás quedaron los señalamientos previos de organizaciones defensoras de derechos humanos como Consorcio para el Diálogo Parlamentario y la Equidad, al calificar a esta revocación de mandato como una simulación de estado con un órgano electoral supeditado al orden del gobierno estatal y del partido en el poder. 

Atrás quedaron los comentarios de ciudadanos que no fueron a votar, definiendo un setenta por ciento de abstencionismo, “porque no le veían el caso a ir pasearse para que de todas maneras gane quien ya sabemos que el dinero lo va a hacer ganar”.

Atrás quedaron comentarios de gente que si fue a votar y que evaluó que al final todo se trató de un monólogo en el que “el gobernador compitió contra si mismo en una consulta que sus propios empleados organizaron y financiaron”. 

Adelante por decreto se impuso la fiesta: el “¡se ve, se siente, la Central está presente!”, con el que un exultante Noé Jara celebró a coro con un nutrido grupo de mujeres comerciantes de la Central de Abastos, la victoria de su hermano. A quién quiso ahorrarle el trance de ser acusado de nepotismo (aunque actualmente más de una treintena de familiares de Salomón Jara continúan incrustados en la nomina del gobierno estatal) para lo cual renunció en noviembre del año pasado al cargo de secretario del Gobierno Municipal de Oaxaca de Juárez (aunque para efectos prácticos se siga señalando que aún continua en el puesto)

Visiblemente emocionadas, con el orgullo en la cara del deber cumplido, ondeando las pancartas y los banderines de la victoria, el grupo mujeres comerciantes le buscan la cara al hermano y operador político del gobernador, en lo que este espera a que le abran las puertas del palacio de gobierno. Noé sonríe con ellas, grita y agita el brazo con ellas.

Las mujeres gritan una y otra vez que, si se pudo. Noé también. Las puertas del palacio se abren, el hermano de Salomón Jara entra al gobierno a celebrar la victoria. Las mujeres comerciantes se quedan afuera. ¡Si se pudo! No se pudo, tal vez algún día, se podrá.

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